Sí, sí, sí, lo admito... me apetecía empezar el curso. Me apetecía volver al instituto, ver a la gente, hacer deberes, tener trabajos, tomar apuntes, estudiar. Me apetecía aprender cosas nuevas y poner a prueba mis capacidades de nuevo.
Y sin embargo... qué estrés. Segundo de bachillerato no es primero. ¡¡ Es muy estresante !! Primero, los deberes, que cada día los tengo a montones y más difíciles (el comentario de texto y el léxico está muy de moda...); después, las lecturas, que me tengo que leer unos doscientos mil libros para este curso; los apuntes... que yo no estoy acostumbrada a que los profes se salten a la torera los libros y cuenten según su esquema mental...
El trabajo de investigación. Oh-my-god. Y perdonadme que suelte estas expresiones tan pijas, pero es que me estreso sola... sí, el tema me gusta mucho, ¡¡me encanta!! Pero sigue siendo un trabajo, y me agobio un poquito.
Pero ahora viene lo bueno.
La selectividad.
A partir del día 12 de junio empiezan las pruebas. Sí, sí. 12 de junio. Pero a ver. ¿Cómo narices vamos a acabar el temario en tantísimo poco tiempo? ¿Y cuándo estudio? ¿En el lavabo? ¡Santo cielo, no soy una máquina! Y me dicen, tranquila, si llevas bien el curso la sele no es nada... ¿¡Cómo que no!? Si el otro día casi me muero... vi unos ejemplos de examen de Latín de la sele (materia de la que me tengo que examinar obligatoriamente) y no me sabía NADA!! Oh santo cielo, me voy a morir de algo.
Pero no pasa nada. Relajémonos. El curso es largo, hay muchas horas, y si se distribuyen bien se puede hacer todo...
... ¡que sí!