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La Coctelera

Categoría: Problemas existenciales

Las preguntas estúpidas

Los seres humanos tenemos la capacidad de hablar y, por lo tanto, de preguntar. La pregunta es un recurso muy útil, pues permite plantear interrogaciones de todo tipo, desde las más chorras (¿cómo te llamas?) a las más solemnes (¿quieres casarte conmigo?).
Precisamente de eso hablaré hoy, de las preguntas, pero no de las solemnes, sino de las estúpidas. Sí, sí, ya sabéis de lo qué hablo; esas preguntas, muchas veces meras muletillas, que decimos todos sin darnos cuenta de cuán inútil es la información que nos van a dar en la respuesta.
Ahí van algunas de ellas:

(al encontrarnos a alguien por la calle, o llamarle a su casa) ¿Ya habéis llegado?

Nooo, que va, aun estoy de camino. Lo que pasa es que tengo doble personalidad y, mientras una de ellas viene, la otra está aquí atendiendo las llamadas. O también es posible que el cable del teléfono de mi casa mida unos cuantos kilómetros.

(auxiliando a alguien que se ha caído, se ha hecho daño...) ¿Estás bien?

Claro que sí!! Me he caído de la bicicleta, me he comido el asfalto, se me han roto los pantalones y tengo un brazo doblado del revés... ¡¡ Pero descuida, estoy perfectamente !!

(después de hacerle una putada a alguien) ¿Estás enfadado?

¡¡NO!! ¡¡Por Dios!! ¿Por qué debería enfadarme? Si me enfadara toda la gente que me insulta, instiga contra mí a mis espaldas y me ridiculiza, ¡¡ ya no tendría amigos !!

(mientras mamá te pone sopa) ¿Quieres un poco más de sopa?

Da igual, si me vas a poner igual aunque te diga que soy celíaco...

(pasando una crisi) Tu ex te puso los cuernos, ¿verdad? // Has suspendido, ¿no? // Eres impotente, ¿me equivoco?

Bueno, si quieres te doy un látigo para que sigas flagelándome, y ya de paso, una caja de bombones para agradecerte que me recuerdes estos episodios tan maravillosos de mi existencia.

(el profesor a sus alumnos en plenos trimestrales) ¿Queréis hacer un trabajo complementario? No sube nota, sólo para practicar.

Jajajajaja, vale, este chiste estaba bien. ¿Tienes alguno más?

(tras llegar 30 min. tarde a una cita) ¿Hace mucho que te esperas?

En realidad no, como soy Aramis Fuster había previsto que ibas a llegar tarde, por eso ya vine con 20 minutos de retraso adrede.

Bueno, me imagino que habrá más, pero de momento no se me ocurren. Así que si queréis agregarlas... ¡¡ya sabéis!! Comentarios abiertos...
... por cierto, ¿habéis entrado en mi blog?

Tener que mentir

Sobre las mentiras se han dicho (y se dirán) muchas cosas; hay quienes encuentran diversión en su uso indiscriminado, quienes ven en ella un recurso útil en determinadas ocasiones y quienes la consideran un pecado imperdonable.
Si tuviera que quedarme con una de estas definiciones, escogería sin duda la segunda. Y ahora explicaré porqué.
Todos necesitamos mentir alguna vez en nuestra vida. Ya sea para decirle a un amigo que ese peinado horrible le queda bien, para conseguir trabajo o para esquivar una bronca paternal, la mentira es un recurso perfecto que nos permite salir más o menos airosos de situaciones puntiagudas.
Sin embargo, a mi parecer hay dos aspectos que hacen que el atractivo inicial de la mentira decaiga considerablemente:

A) CULPABILIDAD (Aspecto Moral). Cuando uno miente, a no ser que se sea una persona sin escrúpulos (que haberlas haylas), suele sentir un sentimiento de culpabilidad en su interior. Ese sentimiento, obviamente, depende de varios factores, que son principalmente dos: la gravedad de la mentira y el grado de confianza entre el mentiroso y el engañado. No es lo mismo mentir sobre el aspecto de un peinado que mentir sobre los propios sentimientos, al igual tampoco es lo mismo mentirle al vecino que a nuestra pareja.

B) MIEDO A SER DESCUBIERTO (Aspecto Social). Es muy fácil ser descubierto cuando se miente, sobretodo si el grado de culpabilidad que se siente al hacerlo es elevado, o si no se confía en la solidez de la mentira; y aunque se tenga confianza y no se sienta culpabilidad alguna, la mentira puede ser descubierta por otros medios, así que el miedo siempre, siempre existe.
Ser descubierto tras decir una mentira implica muchas cosas: la persona engañada se enfada, pierde confianza en nosotros e incluso puede romper la relación para siempre. Si la mentira trascendía a un gran número de personas, estos efectos se multiplican.

Dadas estas circunstancias, solo hay una forma de mentir con cierta tranquilidad: tirar los escrúpulos por la ventana y elaborar una coartada perfecta que haga prácticamente imposible que alguien nos descubra. No es una tarea imposible...
...pero es mejor dejarla para las ocasiones insalvables, no sea que la gravedad pueda más que nosotros a la hora de rescatar a nuestros escrúpulos.

Que te guste comer

Fama volat, decía Virgilio, y lo mismo se podría decir de las modas. Son algo efímero, volátil, algo que se va tan rápida e incomprensiblemente como ha llegado.
Sin embargo, hay una moda que nunca ha pasado (válgame la redundancia) de moda: estar delgado.
Hay que estar delgado. Lo dicen las televisiones, las revistas, los libros. Ayer, por ejemplo, leyendo una revista del corazón vi un artículo donde se criticaba a las famosas que, según el criterio de los redactores, tenían michelines. Sólo dire que le encontraron una barriga increíble a Charlize Theron...
Y claro, cuando una moda dura tanto, deja de ser moda para ser dogma. Y si las modas penetran en las mentes como puñales, imagínate los dogmas... y si lo hacen en mentes adultas, imagínate en las adolescentes, mentes moldeables, blandas, permeables. Y mi mente, igual que mi cuerpo y mi acné, es adolescente. Resultado: me dio la neura y quise adelgazar.
Mi dieta era sencilla, pero dura: nada de comer entre horas, nada de dulces, nada de leche entera, nada de yogures, nada de repetir (ni tan siquiera de sopa), nada de pan, mucha mucha agua.
Al segundo día, pasé por delante de la mesa de la cocina y los vi. Unos cruasans frescos, tiernos, con el caramelo todavía brillante sobre ellos. Y en ese momento hubo un gran juicio moral en mi interior: ¿qué prefieres, estar delgada o comer uno de estos deliciosos cruasans? El veredicto fue claro y contundente: esos crusans no podían escaparse.
Porque vida solo hay una, y hay que disfrutarla... y creedme, me va a amargar mucho más hacer dieta durante dos días que tener michelines toda mi vida.

Que no te guste serlo

Todos sabemos que la adolescencia es "la edad del pavo". Una época de la vida en que, sin más motivo que una revolución hormonal del organismo, nos rebelamos contra los padres, nos cambia el humor cada dos por tres y tenemos la necesidad de explorarlo todo.
Esta es, pues, una época de cosas nuevas: el primer amor, el primer beso, la primera vez, el primer cigarrillo, la primera borrachera, la primera fiesta desmadrada, la primera escapada sin los padres... pero también la primera frustración, la primera resaca, el primer desengaño amoroso. Todos ellos, sucesos intesos y excitantes que sólo pueden vivirse en esta época de la vida.
Sin embargo, lo que sin duda hace de la adolescencia una etapa tan especial es el hecho de estar a caballo entre la infancia y la edad adulta; un adolescente es lo suficientemente mayor como para disfrutar de los placeres adultos, pero suficientemente niño como para no asumir responsabilidades. Para entendernos, un adolescente puede beber hasta emborracharse, fumar, salir de juerga, saltarse clases, tener sexo con el primero que pasa y ser rebelde con todos y por todo; sin embargo, no tiene que conducir, no le echan del trabajo, no tiene que autoabastecerse.
Una edad perfecta, ¿no? Un paraíso terrenal, ¿verdad?Pues a mí, que tengo 16 años, no me gusta. No me gusta porque no me gusta fumar, ni emborracharme, ni enrollarme con el primero que pasa, ni saltarme clase ni ponerme rebelde por sandeces. Y sí, puede que cuando tenga 20 años y tenga que trabajar, limpiar mi propio piso, estudiar y hacer trabajos eche de menos esta época de libertad vigilada... pero, ya que el presente no me agrada, prefiero estar cogida a un futuro mejor que no andar a la deriva...
... que a ver si, por culpa de eso, empezaba a beber y me acababa gustando.